Río Lozoya-Remonte arroyo Valhondillo-Tejo Milenario-Valle Valhondillo-Cabeza de Hierro Mayor-Vuelta

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Aparcamos en un apartadero junto a la M-604. Empezamos la marcha andando durante unos metros por la carretera, que abandonamos por la derecha para tomar una pista que, después de cruzar el río Lozoya, seguimos hasta el arroyo de Valhondillo. Remontamos su curso valle arriba alternando una de sus orillas con la otra según recomendase la orografía del terreno. Pronto nos encontramos con los legendarios tejos de Valhondillo, protegidos por los enormes pinos de Vlasaín, típicos de la sierra de Guadarrama, y por el especial microclima del valle. También vimos unos cuantos acebos de grandes dimensiones con sus diminutos frutos rojos destacando en sus finas ramas. En la mitad de la ascensión tuvimos la suerte de encontrarnos con el famoso Tejo Milenario, también llamado Tejo del Barondillo o Taxus Baccata, declarado árbol singular de la Comunidad de Madrid en 1992. Por su especial interés transcribo literalmente un cartel que hay junto a el: ”Este es uno de los árboles más viejos de la península ibérica, un tejo femenino de entre 1500 y 1800 años. El aumento en el número de visitantes que nos acercamos hasta aquí para admirarlo está provocando algunos daños en su área de desarrollo, que es muy delicada. El pisoteo apelmaza el suelo y dificulta la respiración de las raíces, y acceder al hueco del tronco puede desgajarlo aún más. Por eso hemos hecho una pequeña valla que delimita su área de crecimiento. Respétala y no pases dentro. Con tu atención y nuestros cuidados conseguiremos que sea aún más longevo. Muchas gracias por ayudarnos”. A medida que íbamos subiendo la nieve era más dura y más soplaba el viento. Más tarde me enteré de que las ráfagas de viento alcanzaron velocidades de entre 80 y 90 km/h. Aún así, con un viento atroz, con el suelo totalmente helado en gran parte del valle y sin crampones, conseguimos llegar a la cima de Cabeza de Hierro. Menos mal que Oscar llevó tres “piolets” que, si bien nos ayudaron a Miguel y a mi durante el ascenso, posiblemente nos salvaron la vida en el descenso. Creo que nunca he vivido una experiencia tan extrema como el descenso de Cabeza de Hierro sin crampones, en pleno invierno, encontrando placas de hielo enormes a cada paso y con un viento atronador que rugía para reclamarnos el respeto que se merece la montaña. Por eso marqué el grado de dificultad de la ruta como “muy difícil”. En este tipo de marchas es fundamental estar bien equipado, los crampones y los piolets son imprescindibles. Repito, menos mal que Oscar llevó los piolets, nos salvaron de un buen susto en más de una ocasión. Regresamos por nuestros propios pasos, todavía marcados en la nieve. Durante unos pocos kilómetros seguimos una cómoda pista que abandonaríamos para reencontrarnos con el arroyo de Valhondillo y regresar al apartadero ocho horas después. Una experiencia inolvidable con Oscar y Miguel, perfectos compañeros de viajes.


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2: Cima Cabeza de Hierro
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3: Salida junto al Río Lozoya o de la Angostura
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4: Tejo Milenario
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