Sorti Luca- Erg Chebbi

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1: Sorti Luca- Erg Chebbi
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Recorrido en camello desde albergue Chez Tiri a campamento en el desierto. Al día siguiente mismo recorrido de vuelta. Ocurrió en agosto de 2008. CAPÍTULO 7.- La gran carrera de la duna. Nuestro guía es un personaje peculiar, da la sensación que está puesto hasta arriba de de cannabis, o que de pequeño se cayó a un caldero repleto…. Hablamos con el de España, le explicamos somos de Almería y nos cuenta que le gustaría venirse a trabajar un par de añitos para ver como se vive, pero nos indica que no puede porque “no tengo papeles”. Evidentemente no sabe lo que dice. Nos pregunta si en España conocemos a una mujer que se llama Paloma y le contestamos que si, pero que posiblemente no sea la mujer de la que habla. Así estuvimos “chau chau” hasta que oímos a la otra caravana que se acercaba. Se adelanta el otro guía a hablar con Anaam y este nos indica que se trata de una excursión de “ingleses” y que no tienen muchas ganas de estar junto a nosotros, así que los guías nos piden con mucha delicadeza que ahuequemos y que nos acoplemos al otro lado del campamento. Nos vamos pensando que para estar mal acompañados es mejor estar solos. Mientras nos preparan la cena, Miguel y Paquito exploran hasta la cima la gigantesca duna que hay junto al campamento. Olvera y yo nos quedamos tirados en las colchonetas charlando. Al rato estamos todos reunidos junto a la mesa de nuevo charlando. A los “ingleses” les sirven de comer antes que a nosotros, aunque nos da igual. La comida es, como no, un cous cous con pollo que tenemos que comer con las manos, porque en el desierto, al parecer, no se usan los cubiertos. Entre los dedazos y un trozo de pan de pita nos apañamos para dar buena cuenta de la cena. Al rato nos invitan a juntarnos con la otra caravana, porque los guías van a cantar un rato con los timbales. El grupo de “ingleses”, que no lo son realmente, está formado por australianos, franceses, marroquíes e incluso alguna española. Después del poco afortunado repertorio de canciones bereberes, a destacar “vamos a la playa” y “happy birthday” por el cumpleaños de Paquito, somos retados por los guías a subir a la gran duna. Yo me apunto con Paquito y Miguel se va a la colchoneta, Olvera desaparecerá en una tienda “quechua” a salvo de las legiones de artrópodos del Sáhara. Lo que en principio iba a ser una excursioncita para bajar la comida, se convierte, sin saber muy bien porqué, en una carrera a ver quién llagaba primero a la cumbre de la duna. Podemos comprobar que los “ingleses” de la otra caravana, aparte de tontorrones son muy competitivos. Alguien descubre que a cuatro patas la duna se sube mas deprisa y comenzamos a subir como los carábidos asesinos. Paquito es la segunda vez que va a subir la duna, así que no le apetece ponerse a correr por lo que, inteligentemente, decide ir a su aire, pero yo, que no lo soy tanto, acabo picándome con la caravana rival. Los australianos que iban a la cabeza van cayendo uno detrás de otro. Competitivos, si, pero un poco flojos…. Al final las francesas van tomando velocidad y se ponen las primeras. Conforme van abandonando la lucha se desean suerte unas a otras en el relevo, el honor de su patria estaba en juego. Quedamos una francesa y yo en la pugna por la cumbre, el resto del personal queda derrengado en la arena, mas abajo. La dichosa francesa no se rinde, tenemos que hacer varias paradas, porque la duna nunca se acababa, parecía que siempre nos quedaba el mismo trecho. Un último tirón y alcanzo la cima antes que ella para mayor gloria de nuestra expedición. Con un seco “you win” me da la mano y mientras intento no echar los higadillos por la boca, le pregunto en mi “fluido”inglés si es muy deportista y me contesta que no, pero que es vegetariana (¿?), y que su ejercicio diario es ir detrás del metro todas las mañanas. Echamos un ratito mas de palique y compruebo que aparte de competitiva, esta “inglesa” es, efectivamente, tontorrona y mala perdedora. Cuando llega el resto nos vamos cada uno con nuestros amigos. Paquito y yo nos bajamos los primeros. Yo estaba deseando contarles a mis compañeros el baño que les habíamos dado a la otra caravana, pero Olvera esta desaparecido y Miguel no me hizo demasiado caso. La noche la pasamos al raso, con mucho calor. Lo del fresquito en la noche del desierto debe ser un cuento chino, al menos en verano. Hasta las cuatro de la mañana no empieza a refrescar, en ese momento aprovechamos para ponernos las camisetas y taparnos con los “cheches”. Se supone, según lo previsto, que a las cinco nos levantamos para emprender la marcha.....,se supone.

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